Boletín N° 25, Junio 2017
 
ACTUALIDAD EN PSICOLOGÍA - JUNIO
 

¿Qué es una lesión celebral adquirida?

Dra. Cherie Gutierrez 
Médico fisiatra

Docente del Diplomado en Rehabilitación Neuropsicológica del adulto de la Facultad de Psicología UDP 

En el marco de la semana de la Lesión Cerebral Adquirida (celebrada recientemente entre el 8 al 14 de mayo), muchas instituciones en nuestro país relacionadas con el manejo agudo, subagudo y crónico de este tipo de patologías, han destinado tiempo y recursos para realizar actividades enfocadas a difundir la importancia de conocer las causas y consecuencias de una lesión encefálica, con miras a promover la educación en la población general y la afectada, impulsar la docencia e investigación y contribuir a la generación de comunidades o asociaciones que tengan como finalidad generar redes de trabajo, mejorar la calidad de vida y luchar por una adecuada reinserción social.
Esta es una iniciativa internacional que busca promover la educación y generar conciencia del impacto que tiene una lesión cerebral para la persona afectada, su familia y la sociedad.

¿Qué entendemos por lesión cerebral adquirida?

Este concepto ampliamente utilizado en la actualidad, busca reunir a todas las patologías o injurias que se producen en un cerebro ya desarrollado, y que tienen como factor común, causar un detrimento en el funcionamiento cerebral, con consecuencias que pueden ser transitorias o permanentes. Estas últimas pueden ir de algo leve -que puede pasar desapercibido- a complicaciones severas, que incluyen estados de mínima conciencia o vegetativo persistentes, que implican una dependencia total de terceras personas.

El amplio abanico de secuelas está directamente relacionado con la severidad y la localización del daño, con la condición basal del individuo al momento de sufrir la lesión y las intervenciones que efectuamos desde el momento en que ocurre la injuria.

Los Accidentes Cerebrovasculares (ACV) y los Traumatismos Encefalocraneanos (TEC) son una de las principales causas de morbimortalidad a nivel mundial, y la principal causa de discapacidad, afectando a individuos que se encuentran en la etapa activa de sus vidas, lo que implica un elevado costo en salud.

Los ACV en los países desarrollados representan la tercera causa de muerte, la segunda cusa de demencia y la primera causa de pérdida severa de la independencia. Solo un 25% de los pacientes que han sufrido un ACV logran volver a su nivel previo de funcionalidad y participación en la comunidad, y se estima que estos números se incrementen en los próximos años, debido principalmente al envejecimiento de la población.

Chile se comporta de manera similar en cuanto a las estadísticas. Según el Ministerio de Salud (MINSAL), el año 2011 hubo 8.736 muertes por ACV que corresponde al 9% de las defunciones ese año; el año 2014 existieron 28.766 egresos hospitalarios, 538.446 días cama ocupados por este diagnóstico, con un promedio de estadía de 11,8; y en lo que lleva este año 2017, se han realizado 14.031 consultas de urgencia en los hospitales pertenecientes al Servicio de Salud Público por ACV.

A pesar de la alta incidencia y prevalencia de este tipo de patologías, estamos fallando en la forma de enfrentar el problema. Los avances en el manejo médico y el cambio en el paradigma del tratamiento inicial, que incluye tecnologías que se han masificado a nivel nacional y que permite un diagnóstico precoz, asociado a tratamientos más efectivos y con ventanas terapéuticas más tolerantes, han permitido un incremento del numero de sobrevivientes, con el consecuente aumento de individuos con discapacidad motora, sensorial y cognitiva, que retornan a una sociedad que aún está en pañales para afrontarlo.

Lo anterior podemos verlo desde las etapas iniciales de la rehabilitación, en donde siguen existiendo brechas abismantes entre el sistema de salud público y privado, al igual que si comparamos la Región Metropolitana con las otras regiones del país.

La evidencia ha demostrado la importancia del abordaje precoz y multidisciplinario de este tipo de enfermedades, con un impacto considerable en la recuperación y el nivel de funcionalidad al tiempo de ocurrida la lesión. También ha mostrado que el potencial de recuperación, si bien disminuye después de los 6 meses de ocurrida la noxa, los sujetos son capaces de adquirir nuevas habilidades o ganar mayor independencia, incluso después de 2 años de ocurrido el evento.

Varias de estas patologías están incluidas dentro del listado de las patologías GES (Garantías Explicitas en Salud) que actualmente existen en Chile, las que fueron elegidas y diseñadas para garantizar el acceso, calidad, protección financiera y la oportunidad de las atenciones en salud. Pero si miramos detenidamente el listado de las prestaciones específicas que se garantizan en materia de rehabilitación, estamos en deuda con algunas atenciones necesarias en el momento agudo, especialmente aquellas relacionadas con la estimulación cognitiva y la adquisición de la independencia funcional, como la terapia ocupacional y la neuropsicología. Y si revisamos las prestaciones otorgadas en el periodo ambulatorio o subagudo, esto es aún más preocupante.

Está demostrado que los trastornos cognitivos juegan un rol crucial como predictor de pobres resultados funcionales en los sobrevivientes de ACV, confirmando la necesidad de una evaluación neuropsicológica temprana y la consecuente estimulación de las áreas afectadas. De no existir este trabajo, existe más tiempo de trabajo perdido y menos posibilidad de recuperación o de potenciar las habilidades remanentes.

¿Qué pasa con ese paciente que no tiene conciencia de sus limitaciones o esa familia que no entiende y no sabe cómo lidiar con la nueva conducta de su ser querido?, ¿Quién se encarga de brindar esas herramientas para poder sobrellevar desde la esfera emocional los grandes cambios que se producen, la pérdida de los roles que ocurren por estos déficit, o afrontar la merma en los ingresos económicos?. Es evidente que la neuropsicología es el área más desvalida en este contexto, desde el escaso numero de profesionales formados y adiestrados para trabajar con este tipo de usuarios, como por la nula consideración de su actuar en las políticas públicas.

El problema cobra mayor relevancia cuando hablamos de las etapas crónicas, en donde no existe ninguna garantía de acceso a rehabilitación, y solo hay contadas instituciones destinadas a apoyar al paciente y sus familias, en lo que denominamos la reinserción socio-laboral.

Todavía vivimos en ciudades poco accesibles, el transporte público es una gran limitante, y hasta la fecha incluso hay edificios gubernamentales o estatales que tienen barreras arquitectónicas. Han aparecido nuevas leyes que buscan mejorar la accesibilidad, pero no existe fiscalización que asegure que se estén cumpliendo las normas.

¿Qué organismo vela porque estos sujetos puedan volver a realizar una actividad laboral, que existan pautas de acompañamiento y supervisión en el proceso o leyes que obliguen al empleador a modificar el puesto de trabajo o reubicar a su trabajador?. Nuestras leyes se aseguran de que esa persona, que no puede retomar su actividad laboral, mantenga un ingreso económico a través de una pensión de invalidez, pero no existe el concepto de reeducar laboralmente o potenciar las capacidades remanentes.

A grandes luces estamos haciendo bien el trabajo inicial, estamos salvando vidas y rescatando la mayor cantidad posible de neuronas, pero nos queda un gran desafío en los próximos años. Debemos mirar el problema al largo plazo, organizarnos de tal manera que exista un continuo en la atención de estos pacientes, empoderar al individuo, la familia y a la comunidad, para que la reinserción familiar y social sea exitosa, efectiva, y de esta manera, mejorar la calidad de vida.

Es por este motivo que creo que el Diplomado en Rehabilitación Neurológica impartido este año por primera vez en la Universidad Diego Portales, es un gran aporte a esa rehabilitación que necesitamos y a la que debemos apuntar.

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